Weed resistance

Las malas hierbas resistentes al glifosato son un gran dolor de cabeza para los productores de algodón de los EE.UU. El uso de paraquat se suma a la importante diversidad de modos de acción necesaria para que los programas de control de malas hierbas resulten exitosos.
El cinturón de algodón de los EE.UU. se extiende en 17 estados del sur, desde Virginia y las Carolinas al este de California, Arizona y Nuevo México en el oeste.1
Los estados donde se cultivan las áreas más extensas son Texas, Georgia y Arkansas. Las variedades de algodón genéticamente modificado para que sea tolerante al glifosato se plantaron por primera vez en los EE.UU. en 1997, luego de la soja GM, que se introdujo un año antes.2 Este artículo estudia el impacto que tienen los cambios en los regímenes de control de malas hierbas y las ventajas de usar paraquat, basándose en el trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Arkansas que han estado monitoreando el avance de las malas hierbas resistentes al glifosato en cultivos de algodón durante muchos años.
El uso de paraquat es cada vez una parte más importante en la producción exitosa de maní o cacahuete. Tiene tres ventajas clave: controla un amplio espectro de malas hierbas; se lo puede utilizar de manera selectiva para mantener a los cultivos libres de malas hierbas durante el período crítico de crecimiento temprano y es efectivo para eliminar las malas hierbas resistentes al herbicida.
El maní o cacahuete es un cultivo de crecimiento lento que no compite con las malas hierbas. Los productores deben utilizar estrategias de manejo de malas hierbas para mantener sus cultivos libres de las malas hierbas hasta que las hileras se junten y cierren el dosel para poder lograr buenos rindes.
Las malas hierbas resistentes al glifosato, cuya existencia era impensable hace un tiempo, ahora no solo amenazan los métodos de costo razonable para controlar las malas hierbas, sino también los sistemas de agricultura sustentable. El glifosato ha sido denominado el herbicida ‘único del siglo’ debido a su exclusiva combinación de alta eficacia y bajo impacto ambiental1. Ha seguido al paraquat como principal factor de avanzada que impulsa la expansión de la agricultura con labranza cero, reemplazando la necesidad de arar.
La labranza cero reduce la erosión del suelo y aumenta la salud y la fertilidad del suelo. Proporciona hábitats para los predadores de plagas y refugios para la vida silvestre. Se requiere menos combustible para producir un cultivo y se reducen las emisiones de gas por el efecto invernadero.
Sin embargo, los agricultores que utilizan el glifosato con frecuencia también deberían prestar atención a las advertencias de los expertos en resistencia de las malas hierbas y a sus colegas que han sufrido problemas de resistencia.
El paraquat cumple un papel importante al combatir el creciente problema de las malas hierbas resistentes al glifosato. Estas ahora no solo amenazan el control de malas hierbas a bajo costo en muchos cultivos sino que también amenazan el futuro de los sistemas de agricultura sustentable.
Se ha agregado un artículo detallado sobre el tema de las malas hierbas resistentes al glifosato en el Banco de Conocimientos del Centro de Información del Paraquat. Puede leer este artículo aquí.
Por qué es importante el glifosato
La introducción de cultivos tolerantes al glifosato (GT, por su sigla en inglés) ha sido uno de los cambios tecnológicos más significativos en la agricultura, junto con la mecanización y la genética de semillas híbridas. Los agricultores en todo el mundo están cosechando los beneficios de un sistema de control de malas hierbas simplificado, ahorrando costos, tiempo y mano de obra y aumentando la flexibilidad operativa. La adopción ha sido rápida, en particular en el continente americano. En los principales estados productores de soja de los EE.UU., en Brasil y en Argentina cerca del 90% de los cultivos son GT. En todo el mundo, en el año 2010, se han sembrado 148 millones de ha con cultivos GM en 29 países de los cuales cerca de 90 millones de ha tenían una característica de tolerancia al herbicida1. Tres son los cultivos que dominan esta adopción de tecnología: la soja, el algodón y el maíz.
Se ha descubierto que el paraquat es un tratamiento de ‘extinción’ efectivo para la Palmera amaranto grande y resistente que a veces se denomina ‘super maleza’. Los investigadores en la Universidad de Georgia, EE.UU., han descubierto que la aplicación de paraquat mediante equipos para tratamiento de malas hierbas e implementos similares pueden eliminar en forma muy efectiva las plantas de Palmera amaranto de hasta 1.50 metros (5 pies) de altura1. Si bien el paraquat es muy efectivo en malas hierbas más pequeñas, la acción sistémica del glifosato por lo general lo convierte en una mejor opción para las malas hierbas grandes. Sin embargo, en los lugares donde hay malas hierbas resistentes al glifosato se necesita una técnica innovadora. Se ha aprobado la aplicación de paraquat con equipos para tratamiento de malas hierbas para controlar las malas hierbas en el maní o cacahuete en Florida, Georgia y en Carolina del Norte y del Sur.
La agricultura de Malasia ha recibido un llamado de atención por la amenaza que presentan las malas hierbas resistentes a los herbicidas. El paraquat tiene una función esencial para evitar este problema potencialmente enorme. Un informe del Centro de Información del Paraquat sobre el descubrimiento de poblaciones de la mala hierba nociva pasto pata de ganso (Eleusine indica) resistente al herbicida no-selectivo glufosinato se ha confirmado actualmente en una publicación científica1.
Un productor de verduras y hortalizas del estado de Malacca y productores de un vivero de palma aceitera en el estado de Pahang habían sospechado que el glufosinato ya no controlaba el pasto pata de ganso. Las posteriores investigaciones ahora han confirmado que una población muestra una doble resistencia y la otra una óctuple resistencia.
El paraquat ha sido uno de los herbicidas más ampliamente utilizados en el mundo desde 1962, sin embargo en todo ese tiempo y en todas esas hectáreas de tierra cultivada y sin cultivar, se han registrado relativamente pocos casos de malas hierbas resistentes.
La autoridad reconocida para el registro de todos los brotes de resistencia de las malas hierbas (www.weedscience.org) actualmente declara que existen 25 especies de malas hierbas con un total de 43 biotipos diferentes resistentes al paraquat en 13 países. Estas cifras incluyen la reciente observación de una población resistente de ryegrass anual (Lolium rigidum) en el sur de Australia.
El primer manchón de malas hierbas resistentes se registró recién a los 18 años de haber iniciado el uso comercial de paraquat.
Los investigadores australianos han descubierto que la pulverización con paraquat en un sistema de ‘Tratamiento Doble’ es una forma muy efectiva de restringir la evolución de malas hierbas resistentes al glifosato. Las malas hierbas que sobreviven a la quema con glifosato se pulverizan con paraquat hasta dos semanas más tarde. El Tratamiento Doble garantiza que se utilicen dos modos de acción diferentes para combatir las malas hierbas.
El sistema de Tratamiento Doble se ha modificado con los años y se han desarrollado diferentes opciones; sin embargo, cada una conserva el principio de diversidad en el control de las malas hierbas.  Fue un sistema precursor cuando se introdujo por primera vez el paraquat como herbicida de quema en Australia. Luego de la pulverización, se labraba el suelo. En la actualidad, con el uso extensivo de glifosato y la popularidad de la labranza cero, una opción alternativa es suministrar el Tratamiento Doble con glifosato y luego paraquat. El sistema funciona mejor cuando se da un poco de tiempo al glifosato para que se traslade a través de las malas hierbas hasta las raíces; cuando se aplica paraquat sobre malas hierbas todavía verdes y cuando las lluvias tempranas fomentan un nuevo brote de germinación1.
Ya hace un tiempo que los agricultores en los EE.UU. son conscientes de la gran amenaza que presentan las malas hierbas resistentes al glifosato para sus cultivos y subsistencias. Ahora, el público cada vez está más consciente también luego de la reciente atención que prestaron los medios luego de la publicación del informe del Consejo Nacional de Investigaciones de los EE.UU.: Impacto de los cultivos genéticamente modificados sobre la sustentabilidad agrícola en los Estados Unidos1. El informe confirmó los sustanciales beneficios económicos y ambientales de los cultivos GM, pero advirtió que hay que tener cuidado para preservar el valor de la tecnología, en especial con la amenaza que presentan las malas hierbas resistentes al glifosato. Los agricultores que producen cultivos resistentes al herbicida deben asegurar que se utilice una amplia gama de prácticas agronómicas para controlar las malas hierbas y no deben confiar simplemente en el modo de acción de un herbicida.